Menú

Cuento con moraleja: El leñador honrado

El leñador honrado

Érase una vez, un leñador humilde y bueno, que después de trabajar todo el día en el campo, regresaba a casa a reunirse con los suyos. Por el camino, se dispuso a cruzar un puente pequeño, cuando de repente, se cayó su hacha en el río.

“¿Cómo haré ahora para trabajar y poder dar de comer a mis hijos?” exclamaba angustiado y preocupado el leñador. Entonces, ante los ojos del pobre hambre apareció desde el fondo del río una ninfa hermosa y centelleante. “No te lamentes buen hombre. Traeré devuelta tu hacha en este instante” le dijo la criatura mágica al leñador, y se sumergió rápidamente en las aguas del río.

Poco después, la ninfa reapareció con un hacha de oro para mostrarle al leñador, pero este contestó que esa no era su hacha. Nuevamente, la ninfa se sumergió en el río y trajo un hacha de plata entre sus manos. “No. Esa tampoco es mi hacha” dijo el leñador con voz penosa.

Al tercer intento de la ninfa, apareció con un hacha de hierro. “¡Esa sí es mi hacha! Muchas gracias” gritó el leñador con profunda alegría. Pero la ninfa quiso premiarlo por no haber dicho mentiras, y le dijo “Te regalaré además las dos hachas de oro y de plata por haber sido tan honrado”.

Ya ven amiguitos, siempre es bueno decir la verdad, pues en este mundo solo ganan los honestos y humildes de corazón.

El leñador honrado

¡Comparte, aprende y diviértete!
Share on FacebookShare on Google+Pin on PinterestTweet about this on TwitterEmail this to someone
Calificación: 4.5/5 (3510 votos).

También te interesará:

4 comentarios
  1. ana sofia
    Responder

    Me encanta este cuento.

  2. Asael
    Responder

    Están bien hermosos los cuentos.

  3. Pato tective
    Responder

    Esta súper lindo 👏❤

  4. Danna Nicol
    Responder

    Me encanto este cuento con moraleja y me sirve para escribirlo en mi cuaderno 💖esta chevere

Envía un comentario
Más en Cuentos con moraleja
Cuento: El cedro vanidoso
El cedro vanidoso

Esta es la historia de un cedro presumido y tonto, que se jactaba a diario de su hermosura. El cedro...

Cerrar